Category: Acoso

- Los atentados contra las condiciones de trabajo: contestación automática de todas las decisiones tomadas por la persona que está en el punto de mira, críticas exageradas o injustas a su trabajo, atribución sistemática de tareas superiores a sus competencias, creación de dificultades con consignas imposibles de llevar a cabo…
Lo que se pretende es pillar en falta a la persona designada para que aparezca como incompetente; así se le pueden dirigir todo tipo de reproches. Se da cuando el acoso proviene de la jerarquía.

- El aislamiento y el rechazo de la comunicación: marginar a alguien, no
dirigirle la palabra..

Son procedimientos que la víctima acusa dolorosamente pero que el agresor banaliza o niega. Las conductas de aislamiento pueden proceder a la vez de los colegas y de la jerarquía.

- Atentar contra la dignidad: burlas, gestos despectivos, palabras descalificadoras.
Es algo de lo que todos nos damos cuenta, pero se considera a la víctima la causante de la situación. Estas reacciones son más propias de colegas envidiosos que fruto de la jerarquía.

- La violencia verbal, física o sexual: amenazas de violencia física, empujones, gritos injuriosos, acoso sexual, acoso que persiste en el exterior con llamadas telefónicas nocturnas o cartas anónimas…

Dicha violencia aparece cuando el acoso está ya bien establecido y todos lo han advertido.

POSTURAS VICTIMISTAS

Hay determinadas personas que se quejan desde una postura de víctimas. En
estos casos, no pretenden hallar una salida a su difícil situación, ya que ésta les proporciona una identidad y motivos para quejarse. Esta postura de víctima ha dado sentido a su malvivir y, para mantener esa existencia, habrá que perseguir sin fin a su agresor con la finalidad de obtener una reparación que resultará ser siempre insuficiente. Algunas personas acuden al sicólogo con la única intención de conseguir un certificado médico que les permita vengarse de una situación que consideran injusta, arreglando así las cuentas personales o hallan una ocasión de obtener ventajas materiales.

En ocasiones la postura de víctima de la que se queja dicha persona procede de otro traumatismo que ha quedado en suspenso.

Situarse en la postura de víctima significa tener mucho que ganar, eso permite sustraerse de las responsabilidades cuando se está en dificultades y que los demás se apiaden de uno. Sea cual sea la realidad la culpa es del otro.

PARANOIA

El riesgo de falso alegato de acoso moral procede en primera instancia de los paranoicos que hallan en ello un soporte creíble a su sentimiento de persecucuón. Se queja en términos bastante teatrales de otra persona que le ha causado algún mal, luego el sentimiento de persecución se extiende al entorno del presunto agresor y, por fin, a todos los que ponen en duda la realidad del acoso.

PERVERSIDAD

Los falsos alegatos de acoso moral también son la especialidad de individuos perversos que así intentan, de manera solapada, descalificar a alguien, atrayendo a la vez la simpatía del grupo hacia su persona. Sólo les interesa vengarse y destruir al otro.
En general, las “falsas víctimas perversas” son mucho más visibles, e incluso espectaculares, que las verdaderas víctimas de los acosos morales, ya que las primeras no dudan en recurrir a los medios de comunicación. No buscan tampoco arreglo alguno, ya que lo único que les interesa son las ventajas pecuniarias que esperan sacar de la situación.

Una de las más frecuentes manifestaciones del acoso moral, es la que tiene lugar cuando es el propio empresario o su representante principal es el autor del acoso moral hacia un trabajador.

Se da por lo común en empresas de menor tamaño, muchas veces de carácter familiar, en las que el empresario desarrolla una estrategia para librarse de un trabajador que por cualquier motivo le resulta incómodo.

De acuerdo con el artículo 14 LPRL es obligación del empresario la prevención de los riesgos laborales garantizando una protección eficaz en materia de seguridad y salud en el trabajo, adoptando en el marco de sus responsabilidades cuantas medidas sean necesarias para tal fin, siguiendo un sistemas de gestión y planificación de las actividades preventivas y valiéndose de una organización y los medios necesarios.

En virtud de este principio el empresario está obligado a adoptar todas las medidas que sean precisas para la consecución de un resultado, que es el de proteger al trabajador de los riesgos derivados de su trabajo y por lo tanto de los daños que pudieran producirse.

Cuando se dice “todas las medidas” en el marco de sus responsabilidades no solamente se está hablando de aquellas específicamente previstas en los textos legales sino también de otras no previstas pero que lógicamente emanan de sus potestades de dirección y organización empresarial

ESTRÉS

En su libro “Mobbing”, Heinz Leymann nos recuerda que el estrés es, ante todo, un estado biológico y que las situaciones sociales y sociosicológicas generan estrés.

Así pues si nos atenemos a la definición de estrés dada por Hans Selye, inventor del concepto, el estrés está constituido a la vez por un agente estresante y por la reacción del organismo sometido a la acción de dicho agente estresante.
Aunque en el lenguaje corriente, comprendemos por estrés las sobrecargas y las malas condiciones de trabajo.

El acoso moral es mucho más que estrés por más que este pase por una fase de estrés:

Esta fase aparece cuando el aislamiento es moderado y la agresión se produce sólo en las condiciones de trabajo. Si una persona está desbordada y le asignan más tareas sin proporcionarle los medios necesarios para llevarla a cabo, la consecuencias de dicha agresión sobre la salud se diferenciarán poco de las de una sobrecarga de trabajo o de una mala organización.

La fase de acoso moral propiamente dicho aparece cuando la persona que constituye el blanco percibe la malevolencia de la que es objeto, es decir, cuando la negativa ala comunicación el manifiesta y humillante, cuando las críticas que se hacen del trabajo son malintencionadas y las actitudes y las palabras se tornan injuriosas.

CONFLICTOS

Mientras Heinz Leymann considera que el mobbing es siempre resultante de un conflicto profesional más resuelto, Marie-France Irigoyen considera que si hay acoso moral es porque no se ha conseguido establecer el conflicto. En un conflicto, se nombran los reproches, por el contrario, tras un procedimiento de acoso se oculta lo no verbalizado.

Lo que caracteriza el conflicto es la “escalada simétrica”, es decir, la igualdad teórica de los protagonistas. Aceptando el conflicto, reconocemos la existencia del otro como interlocutor, le reconocemos la pertenencia a un mismo sistema de referencia.

El acoso moral no se establece en una relación simétrica como el conflicto, sino en una relación dominante-dominado, en la que el controla el juego intenta someter al otro y hacerle perder su identidad. Cuando eso ocurre dentro de un cuadro de relación de subordinación, es un abuso de poder jerárquico y la autoridad legítima sobre el subordinado se convierte en dominio de una persona.

Incluso cuando el acoso se da entre colegas o de modo ascendente, siempre va precedido de una dominación sicológica del agresor y una sumisión forzada de la víctima. El otro es despreciado a priori en base a lo que es, a su opción sexual, a sus incapacidades o a su posición jerárquica.

MALTRATO DE LA DIRECCIÓN

Se refiere a la conducta tiránica de ciertos dirigentes que someten a sus asalariados a una presión terrible o los tratan con violencia, insultándoles y negándoles todo trato de respeto.

Mientras los procedimientos de acoso moral son ocultos, la violencia de esos superiores agresivos están a la vista de todos, de forma que todos los asalariados reciben el mismo maltrato.

AGRESIONES ESPORÁDICAS

El acoso moral se caracteriza ante todo por la repetición. Son actitudes, palabras, conductas que tomadas por separado, pueden parecer anodinas, pero cuya repetición y sistematización las convierten en destructivas.

Una sola agresión verbal, a menos que vaya precedida de múltiples pequeñas agresiones, en un acto de violencia, pero no de acoso moral, mientras que los reproches reiterados sí lo son, máxime si van acompañados de otras acciones destinadas a descalificar a esa persona.

MALAS CONDICIONES DE TRABAJO

Suele ser muy difícil distinguir entre el acoso moral y las malas condiciones de trabajo. Ahí es donde la noción de intencionalidad adquiere toda su relevancia. Trabajar en un despacho con mala iluminación, estrecho y un asiento inadecuado no constituye de por sí un acto de acoso, salvo si ese trato lo recibe específicamente sólo uno de los empleados o si lo que se pretende con ello es desanimarle. Lo mismo ocurre con las sobrecargas de trabajo.

En el caso del acoso moral, esa degradación se produce progresivamente sin que el asalariado perseguido pueda juzgar a partir de que momento sus condiciones de trabajo pasan a ser anormales. La mayoría de las veces es tan sutil que la degradación de las condiciones de trabajo de una persona aparece por comparación con la situación de sus colegas.

COACCIONES PROFESIONALES

El acoso moral es un abuso y no debe confundirse con las decisiones legítimas que se desprenden de la organización del trabajo, tales como cambios o traslados de puesto, siempre que sean conformes al contrato de trabajo. Asimismo, las críticas constructivas y las evaluaciones relativas al trabajo realizado, a condición de que sean explícitas y que no estén al servicio de un intento de represalia, no constituyen acoso.

La palabra mobbing deriva del término inglés “mob” cuyo significado es el de una multitud excitada que rodea o asedia a alguien o a algo bien sea de forma amistosa o bien de forma hostil.


El verbo “to mob” describe la acción de ese gentío de agolparse o atestarse en torno a algo o bien asediar o atacar en masa a alguien.


En el ámbito del trabajo el concepto de mobbing ha sido desarrollado históricamente por diversos científicos, principalmente por el profesor Heinz Leymann cuya definición se recoge en la Nota Técnica Preventiva 476 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, describe el mobbing como una citación en la que una persona o grupo de personas ejercen una violencia sicológica extrema, de forma sistemática y recurrente y durante un tiempo prolongado sobre otra persona o personas en el lugar de trabajo con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente esa persona o personas acaben abandonando el lugar de trabajo.


Recientemente ha sido descrito por los expertos de la Unión Europea como “un comportamiento negativo entre compañeros o entre superiores e inferiores jerárquicos, a causa del cual el afectado/a es objeto de acoso y ataques sistemáticos y durante mucho tiempo, de modo directo o indirecto, por parte de una o más personas, con el objetivo y/o el efecto de hacerle el vacío.


Es decir, se trata de una conducta hostil o intimidatoria seguida frente a un trabajador en el marco de su relación por cuenta ajena, que puede ser llevada a cabo por un individuo o por vario, y que este individuo o individuos pueden ser tanto el propio empleador, como su representante o mando intermedio, o incluso sus propios compañeros de trabajo con una posición de facto superior.


Hay que tener en cuenta que el principal objeto del mobbing es hacerle el vacío al trabajador, es decir provocar se humillación y definitivo alejamiento del lugar de trabajo y en esto se diferencia del “acoso sexual” que no persigue tal fin.

El acoso, en general, y el acoso sexual, en particular, es un fenómeno controvertido y de plena actualidad. Tanto es así que, en Europa ha cundido la voz de alarma. No sólo proliferan las líneas de atención a las víctimas, los libros de autoayuda y las páginas web, sino que los legisladores están manos a la obra para articular mecanismos que impidan el desarrollo de este tipo de acoso.

El acoso sexual se concibe como una expresión de poder con dos vertientes:

- Poder laboral.

- Poder patriarcal.

De esto se deduce que el acoso sexual no es sólo una cuestión relativa al poder laboral, presente en cualquier relación laboral entre superiores y subordinados, sino que es expresión del poder patriarcal que siempre existe de forma más o menos explícita en las relaciones entre hombres y mujeres. Esto evidencia que las relaciones laborales son unas relaciones donde las desigualdades de género están presentes y que tiene mayor relación con el poder o con el sexo.

El acoso sexual entendido como expresión del poder laboral o discriminación laboral ha aumentado enormemente en las últimas décadas y uno de los factores más importantes es la creciente presencia de la mujer en el mundo laboral. Sin embargo, aunque las empresas pretenden mostrarse genéricamente neutras, la sexualidad se manifiesta en diferentes aspectos como la selección de personal, usos del lenguaje, distribución y valoración de tareas,…

En este sentido, se utilizan una serie de tópicos relacionados con la presencia de la mujer en el ámbito laboral, como la expresión “utilización de armas de mujer”, utilizada para referirse a que las mujeres usan la sexualidad para conseguir méritos.

El acoso sexual entendido como una expresión del poder patriarcal tiene su base en unas relaciones familiares, fruto de la división sexual del trabajo que atraviesa el hogar/familia. Tradicionalmente los hombres suministran bienes económicos y protección a cambio de la subordinación de las mujeres. La sociedad industrial organizó el trabajo atribuyendo a los hombres las tareas productivas y, a las mujeres, las reproductivas. Esta distribución de tareas supuso la relegación de la mayoría de las mujeres a la esfera privada y su exclusión del mundo del trabajo. Es por ello que, cuando la mujer se introduce en el mercado laboral, es considerada una “intrusa”.

En este sentido, hay que advertir que, según las estadísticas, son las que sufren en mayor cuantía el acoso sexual.

El acoso sexual tiene unos elementos característicos:

- La tensión, temor, impotencia, humillación,…

- El dilema de la víctima, renunciar o aguantar.

- La dificultad de denunciarlo, expresarlo o encontrar apoyo.

- La voluntad de olvidar la experiencia o quitarle importancia.