El acoso sexual se entiende como una modalidad de malos tratos (violencia física, sexual o psíquica) o como un acto discriminatorio (directo o indirecto).

El acoso sexual puede ser de dos tipos:

  • Acoso de intercambio o chantaje sexual. Es el que realiza la persona empleadora o superior jerárquico condicionando de manera directa o indirecta alguna decisión laboral (despido, renovación de contrato, ascenso, aumento salarial,…) a que sea aceptada la propuesta sexual realizada al trabajador/a. Sólo son sujetos activos de este tipo de acoso quienes tengan poder para decidir sobre la relación laboral, es decir, toda persona jerárquicamente superior.
  • Acoso sexual ambiental. En este caso el comportamiento de naturaleza sexual es realizado por personas del mismo rango o nivel, y la consecuencia es producir un entorno laboral humillante, ofensivo, hostil e intimidatorio para la persona que es objeto del acoso. Esto puede afectar al rendimiento laboral de dicha persona así como a su salud física y psíquica. A diferencia del chantaje sexual, no existe una conexión directa entre requerimiento sexual y la condición de empleo.

La condición laboral afectada es el entorno, el ambiente de trabajo. Entre los efectos más claros en la víctima destacan: disminución de rendimiento, absentismo, presión psicológica.

ESTRÉS

En su libro “Mobbing”, Heinz Leymann nos recuerda que el estrés es, ante todo, un estado biológico y que las situaciones sociales y sociosicológicas generan estrés.

Así pues si nos atenemos a la definición de estrés dada por Hans Selye, inventor del concepto, el estrés está constituido a la vez por un agente estresante y por la reacción del organismo sometido a la acción de dicho agente estresante.
Aunque en el lenguaje corriente, comprendemos por estrés las sobrecargas y las malas condiciones de trabajo.

El acoso moral es mucho más que estrés por más que este pase por una fase de estrés:

Esta fase aparece cuando el aislamiento es moderado y la agresión se produce sólo en las condiciones de trabajo. Si una persona está desbordada y le asignan más tareas sin proporcionarle los medios necesarios para llevarla a cabo, la consecuencias de dicha agresión sobre la salud se diferenciarán poco de las de una sobrecarga de trabajo o de una mala organización.

La fase de acoso moral propiamente dicho aparece cuando la persona que constituye el blanco percibe la malevolencia de la que es objeto, es decir, cuando la negativa ala comunicación el manifiesta y humillante, cuando las críticas que se hacen del trabajo son malintencionadas y las actitudes y las palabras se tornan injuriosas.

CONFLICTOS

Mientras Heinz Leymann considera que el mobbing es siempre resultante de un conflicto profesional más resuelto, Marie-France Irigoyen considera que si hay acoso moral es porque no se ha conseguido establecer el conflicto. En un conflicto, se nombran los reproches, por el contrario, tras un procedimiento de acoso se oculta lo no verbalizado.

Lo que caracteriza el conflicto es la “escalada simétrica”, es decir, la igualdad teórica de los protagonistas. Aceptando el conflicto, reconocemos la existencia del otro como interlocutor, le reconocemos la pertenencia a un mismo sistema de referencia.

El acoso moral no se establece en una relación simétrica como el conflicto, sino en una relación dominante-dominado, en la que el controla el juego intenta someter al otro y hacerle perder su identidad. Cuando eso ocurre dentro de un cuadro de relación de subordinación, es un abuso de poder jerárquico y la autoridad legítima sobre el subordinado se convierte en dominio de una persona.

Incluso cuando el acoso se da entre colegas o de modo ascendente, siempre va precedido de una dominación sicológica del agresor y una sumisión forzada de la víctima. El otro es despreciado a priori en base a lo que es, a su opción sexual, a sus incapacidades o a su posición jerárquica.

MALTRATO DE LA DIRECCIÓN

Se refiere a la conducta tiránica de ciertos dirigentes que someten a sus asalariados a una presión terrible o los tratan con violencia, insultándoles y negándoles todo trato de respeto.

Mientras los procedimientos de acoso moral son ocultos, la violencia de esos superiores agresivos están a la vista de todos, de forma que todos los asalariados reciben el mismo maltrato.

AGRESIONES ESPORÁDICAS

El acoso moral se caracteriza ante todo por la repetición. Son actitudes, palabras, conductas que tomadas por separado, pueden parecer anodinas, pero cuya repetición y sistematización las convierten en destructivas.

Una sola agresión verbal, a menos que vaya precedida de múltiples pequeñas agresiones, en un acto de violencia, pero no de acoso moral, mientras que los reproches reiterados sí lo son, máxime si van acompañados de otras acciones destinadas a descalificar a esa persona.

MALAS CONDICIONES DE TRABAJO

Suele ser muy difícil distinguir entre el acoso moral y las malas condiciones de trabajo. Ahí es donde la noción de intencionalidad adquiere toda su relevancia. Trabajar en un despacho con mala iluminación, estrecho y un asiento inadecuado no constituye de por sí un acto de acoso, salvo si ese trato lo recibe específicamente sólo uno de los empleados o si lo que se pretende con ello es desanimarle. Lo mismo ocurre con las sobrecargas de trabajo.

En el caso del acoso moral, esa degradación se produce progresivamente sin que el asalariado perseguido pueda juzgar a partir de que momento sus condiciones de trabajo pasan a ser anormales. La mayoría de las veces es tan sutil que la degradación de las condiciones de trabajo de una persona aparece por comparación con la situación de sus colegas.

COACCIONES PROFESIONALES

El acoso moral es un abuso y no debe confundirse con las decisiones legítimas que se desprenden de la organización del trabajo, tales como cambios o traslados de puesto, siempre que sean conformes al contrato de trabajo. Asimismo, las críticas constructivas y las evaluaciones relativas al trabajo realizado, a condición de que sean explícitas y que no estén al servicio de un intento de represalia, no constituyen acoso.