Un directivo tiene, al menos, 3 preocupaciones con relación al fin que trata de conseguir: 1) ¿Es intrínsecamente una buena idea?; 2) ¿Puede atraer y recibir ayudas?; 3) ¿Puede llevarse a cabo administrativamente?

Sin embargo, recurrir a la iniciativa del directivo, embarcarse en algo y mantener una determinada línea de acción requiere, por lo general, la ayuda de los demás. Existen una variedad de instrumentos y disciplinas que tratan de asesorar a los directivos sobre cada una de estas preocupaciones. Para determinar si algo es intrínsecamente una buena idea, pueden aplicarse varios tipos de análisis económico y empresarial. Además, el sentido común, la experiencia y los juicios de expertos ajenos pueden ayudar a valorar los méritos independientes de una propuesta. De manera similar, atraer y mantener el apoyo y la autoridad necesarios en el seno de la organización y en un mundo más amplio es competencia del análisis político.

Un directivo, en cualquier organización, situación o esfera funcional, necesita obtener, modelar y proteger un mandato, es decir, una combinación de objetivos esenciales a alcanzar, autoridad y recursos a emplear y condiciones y expectativas para su utilización.

Una estrategia organizativa viable se personifica en un “buen fin” y es susceptible tanto de “autorización” como de “producción”. Cuando un objetivo y los planes para alcanzarlo poseen simultáneamente las tres cualidades, se dice que cuenta con una buena “correspondencia”. La noción de “correspondencia”, aunque muy sugerente y empleada con frecuencia, está definida con poca exactitud. Por tanto, el proceso de integración de los diferentes factores necesarios es iterativo, un tanto ad hoc e incluso requiere algo así como un juicio estético. Pero, el mandato de uno debería estar de acuerdo con la “capacidad productiva”, directa o indirecta, de uno mismo.

Las tácticas son un conjunto de comportamientos llevados a cabo por los negociadores con el objetivo de conseguir los fines deseados mientras que las estrategias son los patrones generales de tácticas empleadas.

Quien quiera incrementar la probabilidad de tener éxito en sus negociaciones, debe tener presente unas líneas de actuación a seguir como son:

- Empiece presentando los argumentos a favor de las propias propuestas.

- Resalte las ventajas para la otra parte.

- Concrete sólo entonces las propias propuestas.

- Escuche, sin interrumpir, las propuestas de la otra parte.

- En caso necesario, haga que el otro exponga las razones de sus propuestas.

- Haga contrapropuestas siguiendo el método de “Si, pero …”

- Facilite la retirada al adversario.

- Reciba con cautela las concesiones de la parte contraria.

- Asegure los resultados mediante resúmenes parciales.

- Haga su propia retirada apoyándose sólo en una resistencia dilatoria.

- A cada concesión que usted haga, añada un ataque.

- En caso necesario, sugiera en el momento oportuno un aplazamiento o una alianza.