No creas que es fácil hacer ‘buenas’ recomendaciones sobre este tema. Encontrarás tropecientas páginas que te digan lo que debes hacer antes de la entrevista: que previamente revises la información corporativa de la empresa para poder lanzar algún comentario que demuestre que al menos te has molestado en averiguar; que llegues 15 minutos antes, que vayas aseado, peinado, trajeado y oliendo bien pero de manera sutil… vale, estas son las recomendaciones “básicas”, sensatas y que no hay que dejar de escuchar.

Son los aspectos sobre los que tienes control exclusivo tú: la hora a la que llegas (si es preciso, acércate días antes para asegurarte que conoces el trayecto), la imagen con la que sales de casa, acordarte de llevar una copia de tu CV y cualquier otro documento relevante (portfolio…), la amabilidad con la que tratas a la gente, cómo te has preparado, y la ilusión que llevas contigo por lograr, por fin, este puesto que tanto te apetece y tan bien encaja contigo.
Ya que versiones más detalladas de esta información las puedes encontrar en un montón de sitios distintos en la red (todas dicen más o menos lo mismo), creo que te puede resultar más interesante que me centre más en cómo debes enfocar la conversación con el entrevistador.
LA NEGOCIACIÓN
La entrevista debería enfrentarse como una conversación entre dos profesionales que están valorando si hacer un negocio – tú ofreces tu talento, trabajo y compromiso y ellos las condiciones en las que te van a dejar desarrollar este trabajo y el precio que están dispuestos a pagar por ello






