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Todo por mantener el empleo

La mayoría de los trabajadores no se van del trabajo hasta que concluyen sus tareas, aunque eso suponga hacer alguna que otra hora extra. Pero una cosa es hacerlo excepcionalmente y otra de forma continuada. Según una encuesta de Randstad, en este momento el 49% de los trabajadores españoles realiza horas extra a diario, un 33% lo hace ocasionalmente y sólo un 18% no alarga nunca su horario más allá de lo estipulado.

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Hasta ahora, en caso de convertirse en una constante, la mayoría de los empleados reclamaban el cobro de esas horas extra o las sustituían por días libres. Incluso hay quien negociaba una subida de cargo o salario. Sin embargo, ahora muchos permanecen callados e incluso dan gracias por trabajar tanto.

Una proposición de cambio de residencia asusta a muchos trabajadores, sobre todo a quien está hipotecado a una casa y a una familia. Pero tenía sus ventajas: solía estar ligada a una mejora en las condiciones laborales, sobre todo económicas.

La cosa ha cambiado. Muchas empresas están pidiendo a sus trabajadores que modifiquen su domicilio (ciudad, provincia o país) por motivos laborales. Pero ya no se negocia. O lo aceptas o a la calle. Y dada la situación del mercado laboral en estos momentos, muy pocos se atreven a renunciar a ese cambio.

Para los desempleados, ésta era la última opción para encontrar trabajo. Pero ahora cualquier oportunidad es buena y la cifra de interesados en un cambio de aires ha subido como la espuma. Por ejemplo, el 69% de los usuarios del portal Infoempleo.com estarían dispuestos a cambiar de residencia por motivos laborales y un 46% de ellos aceptarían trabajar en el extranjero.

Hace un par de años jamás hubiésemos aceptado una reducción de nuestro salario. Ahora consentimos reducir jornada y salario para salvar nuestro empleo. En estos momentos, el 83% de los trabajadores españoles (un porcentaje bastante más elevado que el del resto de Europa) aceptaría reducir su salario y su jornada laboral con tal de mantener su puesto de trabajo, según una encuesta de Randstad.

Los más predispuestos a esta reducción, sin embargo, no son los que más dificultades tienen para encontrar trabajo: las personas sin estudios son las que más impedimentos pondrían y los jóvenes y las mujeres, los que menos.

¿Dónde está el límite? «Se aprovechan de las circunstancias». «No deberíamos aceptar esto»… Son quejas habituales. Por otro lado, se piensa que no es momento de reivindicaciones ya que se conserva el empleo. ¿Hasta qué punto hay que aceptar el empeoramiento de las condiciones laborales? El límite no está en la dignidad de la persona, sino en sus circunstancias. ¿Puedes permitírtelo?

One Comment

  • Manuel Barrientos

    Pues sí, de lo dicho al hecho hay un buen trecho. Uno sabe que igual en la puerta hay 20 esperando por el puesto y no están los tiempos como para andar muy sensibles con ese tipo de temas.

    Esperemos que la economía vuelva a sus cauces y este tipo de situaciones vaya disminuyendo paulatinamente.

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